


Me vuelvo y le digo a la jefa que me vuelvo al almacén. Evito, como siempre cualquier enfrentamiento. Salgo de allí tres cuartos de hora después y sigue apostillado en la barra. "Mierda" pienso interiormente. Menos mal que va llegando gente, poco a poco y yo me mantengo ocupada. Hasta que me pide la tercera ronda. Sonaba "over my head" de the Fray en el bar, y me observaba tras las pestañas negras como el carbón.
- Me gustaría saber si tienes parentesco con las serpientes.
Mi cara se contrae en una mueca mitad perplejidad, mitad asco.
- Estás siendo muy escurridiza...
Se me escapa una risa sardónica. Posiblemente podría cazar a cualquier chica, no por el físico, aunque no está mal, si no por la labia.
- Me dura tu olor en la almohada, y aunque me jode decirlo, hasta ahora, es el único perfume que no me molesta que siga ahí a día de hoy.
Caigo como una quinceañera. Así que le sugiero:
- Si quieres, esta noche lo refrescamos...