Mostrando entradas con la etiqueta entresemana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta entresemana. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de marzo de 2013

Cliente: A veces hay que cambiar el sabor.





Si la vida fuese fácil no seríamos tan felices cuando somos felices. Si fuese fácil las tristezas no pegarían tan adentro. Hoy bebo güisqui, el color amarillento cubre el fondo del vaso y reflexiono sobre lo que dejé atrás y lo que me queda por delante.

Buscaré la felicidad fuera de las barras del bar. Aunque me cueste mi alma. 

Como dice Quique, trucos fáciles para días duros.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cliente: Absolut con limón.


Esta vez es un miércoles. Sé que no habrá nada, pero mi cerebro me chantajea para que le de el suficiente alcohol como para no recordar ni siquiera cómo me llamo. Así que salgo por la puerta, buscando barras en las que apoyar los codos mientras bebo Absolut y quema mi garganta. Mientras destroza mi alma. Estoy sola por elección. Lo sé y lo asumo. Lo malo de salir sola es que siempre eres la presa fácil. Según ellos. Yo opino lo contrario. Esta vez declino las dos primeras invitaciones porque no me interesan. La tercera viene de un chico moreno de ojos oscuros y cejas marcadas. Su sonrisa blanca me atrapa y sonrío tímidamente (já) cuando iniciamos la conversación.

Cuando le digo mi nombre y él lo repite, parece que lo acaricia entre sus labios carnosos. Perfecto, sé que estoy cachonda y no han pasado ni quince minutos. Hablamos de París. Sí, de que acababa de llegar de allí, por motivos laborales y yo de que lo visité una vez hace demasiadas vidas. El promete llevarme otra vez si le cuento el porqué de mi media sonrisa. Yo le contesto que eso vale mucho más que la Torre Eiffel.

Esta vez soy yo la que pongo el aparatamento para revolcarnos. Porque como es sabido el sexo solo está bien hecho si es sucio. Así que follamos hasta caer rendidos, hasta que no tenemos nada más que decir. Hasta que mi alma se quiebra. Después junta sus yemas de los dedos con las mías y las ponemos a contraluz. No sé si me siento bien o mal. De todas formas esperaré a averiguarlo hasta después de desayunar.

Hoy se está calentito debajo de mi piel.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Cliente: hoy no bebe nadie...


-¿Pretendes salvarme? ¿Crees que de verdad necesito ser salvada por un principe azul?

- Yo no digo éso. Pero atente a razones, simplemente te estoy diciendo que podrías encontrar un trabajo mejor. - me asegura él con (me imagino) su buena fe.

No me gusta que hagan eso, y aunque acabo de abrir el bar y no hay nadie, sé que en cualquier momento aparecerá algún cliente y nos oirá discutir. Le he estado evitando desde hace cuatro días, cuando me habló de que había un puesto vacante en su empresa, que quizá podríamos ir a vivir juntos... Gintonic de Beefeater quiere pasar a la fase de volverme alguien manso. No sé en que momento se le pudo ocurrir, cuando para qué mentir no ha sido una relación exclusiva (por lo menos por mi parte). Me he acostumbrado a (sobre)vivir sola. Me he repetido hasta la saciedad que ninguno de ellos vale la pena. Me gusta mi trabajo, me gusta mi vida. Pero a él no le gusta que llegue todos los fines de semana a las seis de la mañana. No le gusta que esté todos los días ocupada, y que descanse los lunes.

-Quizá deberíamos dejarlo aquí. - digo yo poniéndome una mano en la cadera.

-No - susurra él bajito y me abraza. Yo me lo quito de encima.

-Es lo mejor. - recalco yo.

- Mira, hacemos una cosa, ven hoy por la noche a dormir a mi casa y lo hablamos con calma. - me dice desesperado.

Yo asiento brevemente con la cabeza. Pero sé que no iré. Es mejor dejarlo así.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Cliente: J&B con trina de manzana


Ella se persona en el bar desde hace un par de años. Al principio llegaba con un chico moreno de ojos grises, muy guapo. Me llevaba muy bien con ellos, gente maja. Después de un año y poco llegó sola por allí. Nunca pregunté, no suelo ser meticona. Sólo sé que llegó y que tenía los ojos rojos y demasiado maquillaje tapando algo oscuro en el pómulo izquierdo. La serví sin ningún comentario más allá del qué te pongo. Miró su vaso fijamente, y supe que estaba calibrando si todas las lágrimas que había derramado cabrían en ese vaso.

Sólo observarla, me llenó de angustia, de vacío, de pesar. En ocasiones da que pensar el hecho de cuánta mala suerte tienen los demás. O cuánta buena tienes tú. Está en lo mejor de la edad y ella llora encima de su J&B, cada día con más maquillaje, cada día más sola. Ojalá uniese el coraje entre copa y copa. Ojalá alguien salvase a esa niña.

Ojalá las chicas como ella no existieran, y no fueran a desahogarse a los bares...

viernes, 27 de agosto de 2010

Cliente: Four roses con cocacola.


Siempre he admirado a la gente que toma sola algo en un bar. Hay de todo, gente que está deprimida, gente a la que la gusta conversar, gente que busca psicólogos gratis... Y luego están los camellos. Si, esos que sabes lo que son, pero como no te metes en la vida de nadie, y hacen sus trapicheos en la acera de enfrente, pues te callas, ya que siempre toma una copa, sea la hora que sea, y deja buenas propinas. El último día que vino estuvo bastante raro conmigo. Sus ojos verdes, normalmente llenos de sarcástica ironía estaban apagados. Quizá también estaba más delgado de lo normal. Había algo que no marchaba bien del todo.

- Morena.

- Dime.

- ¿Tú tienes a alguien en esta vida?

- ¿Además de a mis padres? - pregunté extrañada.

- No, bueno, no sé. Alguien que te eche de menos si te secuestran una banda de terroristas.

- Hombre, mi madre me llama una vez cada dos semanas o así... La jefa, yo creo que si no vengo a trabajar se daría cuenta.

Él se quedó pensativo y yo me puse al coger el lavavajillas. Las tazas quemaban de lo calientes que salían. Después de un rato me llamó para que le cobrase.

- Bueno, morena, que sepas que deberías buscarte a alguien que te eche de menos. Yo, lo haría. Nos vemos.

Hoy leo el periódico.

"Traficante de barrio encontrado muerto a cuchilladas en un descampado después de tres días"


El cuerpo sin vida del joven de 31 años encontrado en el descampado que se encuentra cerca del barrio Cornisa, y que responde a las siglas O.M.G., fue hallado con múltiples heridas de arma blanca. Todo apunta a un ajuste de cuentas entre los traficantes de los barrios anejos a las 2 macrodiscotecas. Nadie había denunciado su desaparición, pero el cuerpo fue descubierto por los perros de dos vecinos de la zona que rápidamente avisaron a la policía....



Me había hecho la crónica de una muerte anunciada....

miércoles, 21 de julio de 2010

Cliente: Botellín de agua


Estoy en el bar, bebo un botellín de agua ya que acabo de reponer las cámaras y estoy sedienta cuando suena mi móvil. Desgraciadamente no hay nadie y me aburro, por lo que creo que me puede distraer un rato la llamada entrante. Hasta que veo la pantallita del dichoso aparato. Mamá. "Joder" pienso yo. Se lo cojo. Me suelta lo mismo de siempre "Seguro que no comes bien" "¿No tienes novio todavía?" "¿Sigues en ese bar de mala muerte?" Y me suelta la noticia por la que me llama. "Pues fíjate, tu prima Maite ha sacado la plaza en el hospital de aquí, así que se casa por fin con su chico, si, Andrés el de toda la vida".
Cuelgo después de asegurarle una y mil veces que ya no caliento la cena en el microondas. Mierda, otra vez vuelvo a ser la oveja negra de mi casa. Mis padres querían un robot, como ella. Carrera, casa, coche y novio de toda la vida. Curro, chalet, y la parejita antes de los 30. Y no servir copas, o café en un bar. Me da urticaria sólo de pensarlo. Me apoyo en la barra pensando en todo lo que he visto y hecho. En todo lo que se ha perdido mi prima Maite. Los amaneceres a la salida de una discoteca, las cañas interminables con los amigos, la adrenalina de saltar al agua desde 10 metros de altura, el momento de ligar con el chico desconocido de lounge y el subidón de tirártelo sólo esa noche (con protección claro, adoro mi vida) los conciertos y los festivales de 3 días, Amsterdan y Londres en una semana.

Y si, currar como una cabrona entre 8 y 14 horas dependiendo del día. Cargar cajas, y lidiar con borrachos. Desamores y roturas de corazón para remendarlo con jirones de piel.

¿Y qué? Volvería hacerlo. Desde luego Andresín, que yo recuerde, no era tan bueno en la cama.

martes, 15 de junio de 2010

Cliente: Gintonic con Beefeater (II)


Aún recuerdo que sonaba "the story", canción de Norah Jones. La barra de madera brillaba con las luces. Y de repente entró. Era él. Sonreí, a medias, solo a medias... Él se sentó en el taburete, y me pidió, aún lo recuerdo:

- Una Franziskaner. - Me resultó raro, porque siempre pedía caña. O Beefeater con tónica si era fin de semana. Y no solía cambiar.

Le serví, no había mucha gente en el bar, pero ya había anochecido a pesar de solo ser las 7 de la tarde. Yo cantaba la canción por lo bajini.

"But if you don't try
The light won't hit your eye
And the moon won't rise
Before it's time"

Siempre me había gustado el tipo de música de esta chica. Él me miró, como se suele mirar a la gente que te gusta (lo sé porque yo también le miré así) y me acordé de que le di calabazas no hacía mucho. Pero no sé si fue la canción, o que a veces la soledad pesa demasiado. Esta vez no esperé -como buena chica- a que él me dijera nada. Aún lo recuerdo.

- Salgo en una hora. - Le lancé como quien tira un cuchillo a una diana en movimiento.

Solo me sonrió. Tiene los ojos azules oscuros, y ese aire taciturno de artista bohemio.

- ¿Y todas esas cosas que tienes que hacer?

- Hoy estoy vaga.

Me espera. Y nos vamos a mi pequeño apartamento (mi sueldo no da para más). Pero a partir de aquí, es mi vida privada...

Y no lo pienso contar... de momento.

miércoles, 28 de abril de 2010

Cliente: Caña


Así de simple me lo pide el llanero solitario. De esa forma es como le llamamos mi jefa y yo. Treinta y tantos muy bien llevados. Le bautizamos con ese nombre porque siempre llega para esperar a una chica nueva. La última, una rubia recauchutada. La anterior, una pelirroja preciosa.

Le hago la seña a mi jefa que está por el otro lado de la barra. Esperamos impacientes a ver cual es la de esta semana, o la de esta noche...

Una melena castaña entra por la puerta. Agita el pelo a la vez que las pestañas. Mi chica martini. Aunque todo hay que decirlo. No es la hora habitual. SU hora habitual. Se acerca hasta nuestro vaquero, y le susurra algo al oído y el sonríe. La besa dulcemente en los labios. Yo alucino desde mi posición. Ella me llama.

- Perdona, ¿me pones un martini? - y les veo hablar como si se conociesen de toda la vida.
- Cariño - le dice ella para llamar su atención - esta noche no trabajo, asíque si quieres podemos ir por fin a mi piso.
- Ya tenía ganas de conocerlo.

Me vuelvo a mi eterno rincón en la esquina de la barra, lejos de todos.

Es cierto.

Dios los cría. Y ellos, se devoran.

jueves, 25 de febrero de 2010

Cliente: Rioja crianza 2006


Viste borsalino, gris oscuro, al igual que los recuerdos que me cuenta entre tapa de patatas ali-oli y copa de vino bueno, y "es que el vino corriente me repite". Se adivinan penas y se dibujan alegrías en su rostro arrugado supongo, por una juventud marcada por el dolor y el trabajo demasiado temprano en aquel niño que fue una vez. Enamorado de la vida confeso (por lo menos a mi, su camarera preferida) me da consejos tras la barra de madera.

- Chiquilla, deberías estudiar, dedicarte a algo que no te estropee. Eres joven ya tendrás tiempo de trabajar. - me dice mientras mueve la cabeza negativamente.

- ¿Y quien me va a pagar los estudios si no trabajo yo? Además, ahora es cuando puedo con todo - le contesto mientras coloco las jarras de cerveza recién sacadas del lavavajillas.

- En mi época trabajabamos porque no había otra cosa, pero tu tienes más oportunidades. Yo te pago la carrera. - Me dice serio y dando un golpe seco en la barra.

Me echo a reír con una sonora carcajada. Le miro profundo. Me recuerda al abuelo que nunca tuve. Me despierta la ternura y me da por pensar que el estar solo a ciertas edades tiene que ser horrible.

- Con el poco tiempo que me queda y después de haber visto lo que vi, pasar todo lo que pasé, lo único que te puedo decir es que aproveches cada segundo, chiquilla. Cada respiración que das, es una menos.


Y yo le juro que no estoy dispuesta a perderme nada.