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sábado, 29 de diciembre de 2012
Cliente: White label con coca cola
Busca en los bolsillos calderilla que meter en la máquina tragaperras. Si no se hubiese prohibido fumar en los locales posiblemente tendría un lucky entre los labios medio caído y arrugaría el entrecejo porque el humo se le metería en los ojos. Es de güisqui en vaso de tubo con dos hielos y sin pajita. Barba de una semana y el pelo algo largo, tiene ese aspecto desaliñado que tienen los que no tienen nada que perder. De esos que escuchan a Sabina y a Loquillo. De esos que no tienen miedo a follar fuerte y a hacer el amor suave. De esos que nunca prometen quererte de por vida. De esos que desaparecen cuando ya estás tan enganchada a sus besos como él a la nicotina. De esos que te hacen sentir mujer, niña y adolescente. De esos que suelen tener la palabra exacta de desaliento.
Lo peor, que yo soy de ésas que se dejarían arrastrar por él. Él que es de esos.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Camarero: Brugal con CocaCola
Hoy mi jefa viene con una sorpresa debajo del brazo. Brugal con CocaCola es un chico normal, ventimuypocos, moreno, ni alto ni bajo, ni gordo ni delgado. Sus ojos marrones brillan con la malicia del que esconde algo. Hoy va a ver lío, por eso está aquí. Al principio es muy agradable, y con el paso de las horas detrás de la barra se suceden los encontronazos. Si estoy sirviendo cervezas me roza la cintura, y me quita las cañas porque "ya que las estás poniendo, necesito éstas. Sigue echando". Tenemos sed y nos preparamos un par de cubatas mientras el calor del bar sube por mis pies hacia arriba mientas me soba el culo disimuladamente. Yo apoyo las manos en la mesa, mientras me tiemblan las rodillas. La siguiente vez que me toca estoy en la caja registradora cobrando y él se acerca sigilosamente y me respira en el cuello, cerca de la oreja. La gente va bajando, son las 6 de la mañana y mi jefa me dice que me acerque hasta el almacén a coger un barril. Acto seguido le dice a Brugal con CocaCola que me acompañe.No me da tiempo casi ni a entrar. Sin encender la luz ni siquiera se ha apoderado de mi boca y aparta mis bragas debajo de mi falda para introducirme un par de sus dedos. Gimo al sentir la irrupción en mi cuerpo por sorpresa. Me dejo hacer. Con lo cachonda que llevaba toda la noche no tardo más de dos minutos en contraerme contra su mano.
Volvemos con el barril.
Hemos quedado para mañana.
lunes, 21 de mayo de 2012
Cliente: Loch Castle con Coca Cola
Lleva cuatro copas con esta. No ha despegado los ojos de los hielos que flotan en su vaso. Bebe despacio, con largos tragos pero con grandes intervalos entre uno y otro, como si quisiese ahogarse cada vez que se acerca la bebida a los labios. Estamos apunto de cerrar, y se lo digo. Me doy la vuelta para empezar a recoger pero ella me lanza una pregunta.
— ¿Tienes novio? — me dice al tiempo que me mira a los ojos. Unos ojos marrones tristes.
— No. — Digo yo sin más y me pongo a sacar la última carga del lavavajillas.
— ¿Y alguna vez has estado enamorada del chico correcto?
A mi se me escapa una sonrisa ladina. "Chico correcto"; por supuesto que no, yo era más de esquivarlos, así que niego con la cabeza.
— Pues yo tengo al chico perfecto como novio. Pero me follo al chico malo. — y da otro trago a la copa antes de continuar.— Hace tiempo que estoy con él, y es el tío al que quieres querer; al que debes querer e incluso al que quieres. Pero un día alguien te mira, alguien que no es perfecto, si no todo lo contrario. Problemático, chulo, irreverente... Pasa de todo. Y te sientes atraída por ese aura de chico duro. Y te conquista. Y cada vez que echas un polvo con él es tan jodidamente genial... Un puro chute de adrenalina. Mientras que con tu novio, el de siempre es... hacer el amor.
— Da la impresión de que tienes que escoger. — Aventuro yo desde mi posición, detrás de la barra.
— No tiene porqué. Sólo debo asegurarme de que no se conozcan. De tener la boca callada del chico malo.
Apura de un trago lo que le queda de cubata, se levanta y se va en dirección a la puerta con pasos no muy seguros.
Mientras acabo de recoger me pregunto si es posible querer a dos personas a la vez. O si de querer a una sola, eres capaz de tener sexo con otra. ¿Implica el amor hacia alguien el nulo sentimiento sexual por otro alguien?
Desde luego ella parece que lo tiene claro.
domingo, 8 de abril de 2012
Cliente: Absolut con limón
Ayer llegué a casa después de un sábado bastante normal, pero de una forma extraña algo había cambiado. Fue al abrir la puerta cuando me sacudió de principio a fin la soledad de una casa vacía. Lo peor de todo es que nunca me había molestado hasta ese pequeño instante en el que tiré las llaves a su cuenco y me descalcé. No había nada que me hiciese querer estar allí. Con las mismas me puse unos zapatos de tacón rojos y salí a la calle. No sabía lo que buscaba, ni siquiera si quería encontrar algo.
Entré en un after y en contra de mi bebida habitual pedí un Cardhu, solo, con un par de hielos. El camarero me miró y me lo sirvió rápido.
— ¿Una mala noche?
— No más de lo habitual. — Respondí encogiéndome de hombros.
El tenía unos ojos preciosos de color gris. El chico que deseas que te espere en casa, pero por la manera que su compañera me miraba desde el otro extremo de la barra no sabía si arriesgar la pregunta. Al final mi juicio decidió que no era el instante preciso para acabar revolcada en cama ajena. No cuando tenía las lágrimas tan cerca de salir hoy.
Quizá no era tan mala idea dejarse acunar por la soledad. Al fin y al cabo todos estamos solos.
Por cierto, recordadme que deje de hablar de mi. Últimamente estoy monopolizando ésto.
martes, 27 de diciembre de 2011
Cliente: Absolut con limón
Suena de nuevo Quique González en el reproductor, y es que estas navidades tienen ese aire melancólico que no tenían antes. Eso las hace más bonitas, y a la vez menos brillantes, por lo menos que la purpurina de las bolas del mini árbol de navidad que hay en la esquina de la barra, intentando pero sin conseguir ese toque festivo que se merecen estos días. Lejos de disgustarme, adoro estas fechas. Hay jaleo, lo que mantiene ocupada mi cabeza, y las manos. Así no me da tiempo a pensar que es lo que me falta, o lo que me sobra. Otro año más el gordo de navidad se reduce a J&B con Cocacola, con sus comentarios subidos de tono sobre lo que necesito o dejo de necesitar, por lo que me ciño a pedir salud, como me decía mi madre. Queda a mi espalda otro año más de copas rotas, de vidas cruzadas, de sonrisas mayoritariamente finjidas, de lágrimas al borde del lagrimal. De días sin nadie con quien contar. Aún así, de todos modos, no podré quejarme porque nadie escuchará. Buscaré infinitas formas de escapar de la mediocridad, y si no lo consigo, si no lo consigo, moriré lentamente. Como cada persona en este mundo que se ahoga en las copas que sirvo y anhelan un día sin su alma pútrida de cosas que jamás dirán en alto.
¿Veis? Ya no sé ni lo que escribo.
martes, 5 de julio de 2011
Cliente: Citadelle con nordic mist

Hoy en el grupo son tres, un triángulo cuanto menos curioso.
Son dos chicos y una chica. La que me ocupa hoy es la chica. Es una de estas chicas monas monísimas con la raya al medio y ese tipo de pelo ni rubio ni moreno, un castaño fashion, con ondas perfectamente definidas, ojos marrones perfilados en negro, ni muy alta ni muy baja, con unas bailarinas, vaqueros ajustados y camiseta con dibujo. Bebe de la pajita a sorbos chiquititos, como si no le gustase del todo el sabor, pero no pudiese resistirse a ese sabor agrio que deja en la garganta la ginebra .
Ellos son por lo visto sus amigos y eso parecen los tres, charlan entre risas. Uno de ellos es guapo, guapo a rabiar, guapo tipo bombero, o guapo tipo vigilante de la playa, y él lo sabe. El otro es del montón, moreno y delgado.
Lo que me hace gracia del conjunto es la manera que tiene de mirar ella al bombero (o el vigilante de la playa). Lo hace ciertamente ensimismada por lo que cuenta, por sus aventuras de rescatar a un gatito, o lo que sea. También estalla en carcajadas cuando es un chiste lo que suelta por esa boquita de piñón. Él guapito de cara parece no darse cuenta, o lo ignora deliberadamente porque no hace ningún gesto de complicidad.
Ahora me falta la última parte, y es como mira el moreno a la chica de la ginebra. Le brillan los ojos, y no se da cuenta de que la chica no va enfocada a él. Es un triángulo de los de toda la vida, sin ser bizarro ni esas cosas, aunque según mi experiencia, seguramente él bombero hará uso de la chica mona monísima un día que no tenga nada más que comer. Ella se ilusionará y luego la hará trizas, y el otro resultará el paño de lágrimas. Y si no os lo creéis, dadme dos semanas más.
Os contaré con lujo de detalles como ella borracha de Citadelle me lo cuenta entre lágrimas.
jueves, 20 de enero de 2011
Cliente: DYC con Coca cola.

Se acoda en la barra entorno a las cuatro menos algo de la noche. Estamos pensando en cerrar y sólo queda una pareja haciéndose arrumacos. Barba de tres días, ventimuchos.
- Hay dos clases de mujeres. Las putas y las zorras.
Yo levanto mi ceja derecha...
- Unas lo hacen por dinero y otras por vicio...
Pensé que iba a aclarar que todas menos su madre y su hermana, o algo así, pero por lo visto su madre también era una mala pécora.
- ¿A cuál perteneces tú?
Poso la botella de DYC en la estantería, y me doy la vuelta medio sonriendo. Sé distinguir a un animal herido a quilómetros. Y él está a la defensiva, por mucho que me haya mirado el culo al agacharme a por el vaso de tubo.
- De las zorras. Ya gano dinero poniendo copas.
Se le ve decepcionado.
- ¿Alguna vez has sentido que tenías al lado a la persona perfecta para tí? Que tu lo querías y él te quería... ¿Pensaste aquello de "mi chico no me haría eso"?
Ay, si yo le contase... pero no le voy a contar, hoy me toca psicoanalista...
- Me dijo que se le acabó el amor. Yo pregunté que si de tanto usarlo, pero ya ves no cogió la gracia. ¿Cómo puedes dejar de amar a una persona así como así?
A veces pasa. Los sentimientos cambian. Todo está en constante evolución, pero lo que no le dije es que seguía siendo la misma mierda, sólo que con diferente aspecto.
Creo que hoy me tomaré una copa a la salud de los amores desgastados...
martes, 7 de diciembre de 2010
Cliente: Miscelánea

Se acercan las navidades. En el bar ya tenemos la decoración. Hoy mientras el bar estaba con gente, pero todo el mundo atendido, observaba desde la barra. Dos chicos y una chica reían en torno a unas cañas. Cinco señores hablaban tranquilamente, (intentando arreglar la crisis desde su silla) alrededor de cinco vinos bien servidos, ya que iban en segunda ronda. Una pareja se mira más allá de las pupilas mientras sonríen tontamente, aunque es la tercera vez que llenan las copas de cerveza. Más allá oigo a dos parejas con sendos niños (cocacola light para las mamás, vino rioja para los orgullosos papás). Miro entre toda esa gente y veo que hoy me toca estar sola. Hoy no puedo observar a nadie. Intuyo llover en la calle. Y solo por una vez, preferiría estar caminando bajo la lluvia que aquí.
Vendrán días mejores.
Lo pasaré peor.
Solo que a veces, necesitas compartirlo con alguien...
jueves, 11 de noviembre de 2010
Cliente: Gintonic de Beefeater (III)


Llega oliendo a frío. Se sienta en la barra y me pide mirándome a los ojos, esperando una explicación. Yo le sirvo nerviosa, sabiendo que me marché de su cama en la madrugada y de puntillas. Al fin y al cabo quedamos en que no era nada serio.Me vuelvo y le digo a la jefa que me vuelvo al almacén. Evito, como siempre cualquier enfrentamiento. Salgo de allí tres cuartos de hora después y sigue apostillado en la barra. "Mierda" pienso interiormente. Menos mal que va llegando gente, poco a poco y yo me mantengo ocupada. Hasta que me pide la tercera ronda. Sonaba "over my head" de the Fray en el bar, y me observaba tras las pestañas negras como el carbón.
- Me gustaría saber si tienes parentesco con las serpientes.
Mi cara se contrae en una mueca mitad perplejidad, mitad asco.
- Estás siendo muy escurridiza...
Se me escapa una risa sardónica. Posiblemente podría cazar a cualquier chica, no por el físico, aunque no está mal, si no por la labia.
- Me dura tu olor en la almohada, y aunque me jode decirlo, hasta ahora, es el único perfume que no me molesta que siga ahí a día de hoy.
Caigo como una quinceañera. Así que le sugiero:
- Si quieres, esta noche lo refrescamos...
jueves, 24 de junio de 2010
Cliente: Absolut con limón

Hoy no es mi bar. Hoy es otro cualquiera de la ciudad. Uno de ésos elegidos al azar. He de decir que lo escojo porque básicamente es oscuro. Pido mi copa. Es viernes, hace mucho que no libraba este día. Hecho un vistazo a la barra. Mi indumentaria no difiere en la habitual para servir un fin de semana. Camiseta, vaqueros, y zapatos. Aun que llevo las Converse en el bolso grande. Salgo sola. No tengo muchas amigas. De echo aquí ninguna. En el pueblo del que salí algún día me queda alguien. Pero ése no es el caso. Bebo del vaso. Y miro en el fondo, buscando Calíope sabe qué. A él, a mi, mi corazón quizá. En el peor de los casos lo encontraría destrozado. En el mejor, sólo partido a la mitad. Lo bueno que siempre he tenido es que he sabido distinguir entre el amor y el sexo. Por eso sabía que empezaba a cagarla. Porque mezclé lo uno con lo otro. Un grupo de chicos me divisa. Llevan un rato observándome. Y como estoy sola soy una presa fácil. Lo que no saben es que el cervatillo del cuento son ellos. Cada trago adicional a mi copa se convierte en otra carcajada, en otro coqueteo para el castaño de los ojos verdes. Cada trago me convenzo más de que no era para tanto. Cada trago es una bocanada de autoestima. Cada maldito trago me abrasa la garganta y me hace pensar un poco menos en él. Le arrincona, aunque sólo sea por esta noche, o por unas horas, un segundo, un jodido segundo de mierda. Y como dice la canción "killing loneliness".
- Ha sido fantástico. Podríamos repetirlo. - me dice desde su lado de la cama.
- No. - respondo yo. Me visto y me voy.
A tropezones, y busco lo que perdí de vuelta a casa. La cordura. O lo que fuera que me quitó...
domingo, 20 de junio de 2010
Cliente: Arehucas con naranja.

- Me jodió la vida - Me dice ella medio ebria.
Yo la miro, a medias con pena, a medias con compasión. Es su historia, es la historia de otras tantas.
- Bueno, hay más peces en el mar ¿no? - digo yo, por decir algo.
- Ya lo sé. Pero el caso es que no atino a comprender cómo le dejé entrar en mis bragas.
Yo sonrío irónica.
- Pues por la misma razón que todas. Te creíste sus mentiras. Te convenció porque sabía que ibas a resistirte y cuando logró que le dieras el corazón por completo y le susurraste "te quiero" al oído, él había obtenido todo lo que quería. Es un coleccionista de corazones.
Ella me mira sospechosa. Al final, mueve la cabeza negativamente mientras chasquea la lengua. Se la ve abatida, afectada.
- Tú también le conoces. No debería sorprenderme. Eres guapa. No al uso. Pero tienes ese tipo de belleza salvaje, entre rizos despeinados, y francamente tus tetas... son geniales. Pero sinceramente, pensé que eras más lista.
- Ya ves, ése es mi talón de Aquiles. No puedo resistirme a un culo bonito. Y él lo tiene.
Las dos rompemos a reir.
- ¿Cuánto hace que no le ves? - Me pregunta neutral.
- Gracias a Calíope demasiado. Casi le había olvidado. Hasta que pasasteis por el bar hace como dos semanas. Puedo decir - y le doy un trago a mi cocacola - que es el mejor polvo de mi vida.
- Lo corroboro.
- Ya ves, tiene facilidades para meterse en las bragas de cualquiera que él elija...
- Brindo por el sexo.
Y levantamos los vasos a la vez.
Chin chin.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Cliente: Bombay Sapphire con limón

Es viernes, y no hay mucho movimiento ya que es pronto. Entra solo, se sienta en la esquina del final de la barra y me pide con un "buenas noches". Como os habréis fijado me gusta hablar de la gente que entra sola en el bar. Me parecen interesantes, y suelo escoger de las personas que hablo, por que algunas son historias ya contadas. A lo que iba. Es de estos chicos que sin ser guapo del todo, atrae de una manera inusual. Va muy bien vestido, y ya no solo el tipo de ropa, si no el logo con el jugador de polo en su camisa de posiblemente 200 pavos. Yo le observo mientras la ginebra (de las musas debo admitir, ya que está cojonuda) acaricia los hielos que están en la copa. Me agacho a coger el refresco de la cámara. Me ignora completamente, aunque ya quisiera para mí que no lo hiciese. Para no despegarme mucho de ese hombretón, me pongo a colocar las botellas y las copas de la estantería más cercana.
A los cinco minutos entra una chica. Tiene el pelo moreno, largo hasta media espalda y ondulado. No está flaca, tampoco gorda, pero se podría decir que la sobran un par o tres quilos. Es bajita, pero tiene unos ojos muy bonitos, oscuros. Un conjunto agradable. Llega seria.
- ¿Qué te corría tanta prisa? - le dice ella a bocajarro.
- Esto se acabó. - corta él.
- Al final te casas con ella. - y dice ella como escupiendo. - ¿Entonces es que debo asumir que la quieres?
- No todo es tan fácil. - dice él amargado.
- Si tan difícil te resulta querer, a lo mejor no es la opción adecuada.
- Es que no se trata de opciones. - Contesta gesticulando con las manos.
- Tú mismo, pero recuerda lo que te voy a decir ahora. Nunca, nunca jamás serás feliz. No sentirás lo que sientes conmigo... y volverás. Pero ya aguanté ser la amante de un chico con novia. No caeré a la altura de serlo de un hombre casado. - Le espeta mitad con odio y mitad con razón - Vete a tener tu portada de Hola!, que yo veré el reportaje fotográfico.
Y se da la vuelta y se va.
Él mira la copa. Se la vacía de un trago.
- Ey, perdona. Ponme otra. Pero está con mucho limón, a ver si me sabe más agrio que mi vida.
miércoles, 21 de abril de 2010
Cliente: Voll Damm

No tiene pinta de ser alguien especial. Por eso quizá a mi me lo parece. Es normal de estatura, ni muy alta, ni muy baja. Su pelo es rizado, y está alborotado. Sus ojos marrones están cubiertos de sombra negra, y apesar de estar en un grupo de gente se siente sola. Se la ve por la manera en que mira y acaricia el cuello del botellín de la cerveza. Es bonita, a su manera. O a la mía.
A veces me recuerda un poco a mi. Escondida bajo capas de maquillaje negro en los ojos, y un poco de sombra en el alma. Me mira y sonríe un poco.
Pero solo un poco.
domingo, 28 de marzo de 2010
Cliente: Martini sin hielo

Entra con una minifalda de talle alto. Tiene un cuerpo espectacular, y una sonrisa que depende del ángulo puede ser un ángel o el mismísimo Satán. Se instala en el final de la barra, y me pide un martini, sin hielo. Lleva una blusa que deja entrever su generoso escote. Tiene un lunar en el pecho izquierdo, pequeño, sugerente. Los labios son rojos, del color de una cereza madura. La melena castaña le cae suelta sobre los hombros. Si no me equivoco (y nunca me suelo equivocar) cobra unos 400 por hora en el cuatro estrellas que hay a dos calles de aquí. Busca hábil su presa con sus grandes ojos castaños. Hoy seguro que consigue algo.
Lo conseguiría hasta de mi. Me guiña un ojo pícara mientras deja parte de su caro pintalabios en la copa. Frunce el entrecejo calibrando al señor que acaba de entrar. La amantis religiosa ya tiene cena. Se lo devorará enterito. Lo peor es que a él le gustará, repetirá, hasta que se quede en los jodidos huesos.
Bendito rojo!
martes, 2 de marzo de 2010
Cliente: Gintonic de Beefeater

Entra solo al bar. Posiblemente lo esté. Suele venir por aquí por lo menos dos veces por semana, viernes y sábado por la noche es fijo, algún día suelto entre semana, y entonces sólo pide una clara. Es un habitual desde hace un par de meses, aunque he de decir que las primeras veces venía por aquí con más amigos. Me hace el gesto consabido del movimiento de la cabeza, es a medias un hola y un ven aquí. Me acerco, y me sonríe. Me pide lo de siempre, Beefeater. El bar está vacio, apenas son las 10. Le miro desde la otra punta de la barra, y me da por pensar que le vendría bien algo de Quique González, así que rebusco entre los cedés, y pongo "Daiquiri Blues". Él parece reconocerlo. Me llama otra vez con la cabeza.
- ¿Qué día libras? - me pregunta con la pupilas bailando - Podría llevarte a algún sitio bonito.
- El día que libro lo utilizo para hacer los millones de cosas que no hago el resto del tiempo que estoy aquí - digo amablemente. Es guapo, y tiene una sonrisa perfecta. Pero estas cosas no acaban bien nunca, además, no se sabe ni mi nombre, yo tampoco el suyo, algo que no me importa demasiado, para mí, él es Beefeater con tónica. Para él yo soy la camarera del bar ése que hace esquina. Es mejor no complicarse la vida.
- Es el rechazo más amable que jamás me han dado.
Me río, y me doy la vuelta, para ver si encuentro algo de ACDC en los compacs.
Si, mejor no complicarse la vida, porque a mi me gusta meterme hasta el cuello.
domingo, 21 de febrero de 2010
Cliente: Brugal naranja

Se apostilla en la primera columna que está al lado de la barra. Yo estoy limpiando la cafetera, son las 11 así que ya le toca. Me hace una seña con la cabeza, el bar está medio vacío y todo el mundo ya está atendido. Edad, unos ventimuchos, alto, rubio, cuando me acerco dos ojos azules captan mi atención. No es un guapito, apesar de la descripción. De esos que podrían pasar desapercibidos porque no suele levantar demasiado la mirada del suelo. Me pide. Adorno el vaso restregando por el borde naranja recién cortada que huele a las mil maravillas. Cuando destapo el refresco me sonríe y se la devuelvo. Es una sonrisa abatida.
- ¿un día duro? - le pregunto amablemente.
- Demasiado - me contesta él sin perder esa sonrisa a medias - Pero a veces, es mejor intentar sobrellevarlo como sea ¿no? y para eso, esto - y señala la copa con resignación - ayuda. ¿Qué te debo?
Le cobro, a los 15 minutos aparecen otros dos chicos y una chica. Sus amigos. Tiene toda la razón.
Copas y amigos.
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